La evolución de la población en México

Las proyecciones de población constituyen un marco, un instrumento analítico y la base estadística demográfica fundamental para planificar la actividad económica y social de un país. Las estimaciones futuras de población son necesarias para conocer cuál será la demanda de servicios, por ejemplo, en materia de salud, educación, empleo, vivienda y de otros servicios sociales, para asignar recursos, definir y aplicar planes o programas de desarrollo. Además, permiten anticipar situaciones de riesgo y aprovechar las ventajas del cambio en la estructura poblacional, mismas que deben estar consideradas en el diseño de políticas, planes y programas que orientarán el desarrollo de cada entidad federativa y sus municipios.
Diversas fuentes de datos permiten dar seguimiento a los eventos que moldean el crecimiento y el cambio poblacional.
En lo que respecta a las proyecciones de población, los censos mexicanos de los últimos años, las estadísticas sobre nacimientos, defunciones; así como los censos y encuestas de los Estados Unidos de América, son los principales insumos que alimentan las distintas estimaciones de mortalidad, fecundidad, migración interna e internacional. Al respecto, es importante mencionar que cada fuente de información tiene tanto fortalezas como debilidades, las cuales son cuidadosamente evaluadas y oportunamente consideradas, con el fin de determinar los alcances de las cifras y sus limitaciones, dada la multiplicidad de factores que afectan la estimación de diversos indicadores o las cifras absolutas (completitud, redondeos, fecha de referencia de la captación de la información, entre varios). Por tanto, es una necesidad que entre los componentes de la dinámica demográfica exista una estricta coherencia para con ellos hacer un análisis de la evolución de la población y así reconstruir la estructura por edad y sexo de la población. A este proceso se le conoce como conciliación demográfica
Uno de los principales resultados de la conciliación entre las diversas fuentes de datos es una población denominada base que, en volumen y estructura por edad y sexo, refleja los efectos del cambio debido a la mortalidad, la fecundidad y la migración (tanto interna como internacional), la cual se considera punto de arranque para la previsión futura de población.
La exactitud y confianza de la proyección, dependen en gran medida de la población base. Por esta razón, se busca que, además de resultar consistente con el pasado demográfico reciente y, la estructura por edad y sexo, se encuentre libre de imprecisiones en la declaración de la edad y posibles omisiones atribuibles a la sub-enumeración que se presenta en determinados grupos de edad de la información censal.



Durante los últimos 65 años, la población en México ha crecido poco más de cuatro veces. En 1950 había 25.8 millones de personas, en 2015 hay 119.5 millones.
De 2000 a 2005, la población en México se incrementó en 5.8 millones de habitantes, lo que representa un aumento anual de una persona por cada 100.
De 2010 a 2015, la población se incrementó en 7 millones de habitantes, lo que representa un crecimiento promedio anual de 1.4 por ciento.



La pirámide poblacional sigue la tendencia de reducir su base, mientras que continúa el crecimiento tanto en el centro como en la parte alta; lo que significa que la proporción de niñas, niños y adolescentes ha disminuido y se ha incrementado la de adultos y adultos mayores; estos últimos pasaron de 6.2% en 2010 a 7.2% en 2015. La edad mediana en México es de 27 años.
La vejez tiene un rostro mayoritariamente femenino. Los hombres mueren más que las mujeres en todas las edades. Esto propicia que haya más mujeres que hombres en las edades avanzadas. Este comportamiento es característico del proceso de envejecimiento en todos los países del mundo, pero es mucho más pronunciado en los desarrollados, ya que en ellos las diferencias en la esperanza de vida entre hombres y mujeres son mayores.
Si bien nacen más hombres que mujeres, la mayor mortalidad masculina propicia que el número de hombres y mujeres se iguale a determinada edad. En 2000, esto ocurría entre los 20 y 24 años. A partir de esta edad hay sistemáticamente más mujeres que hombres. Entre los adultos mayores estas diferencias son más marcadas.
En el  año de 1950 se registran más menores de 20 años, para el 2025 la mayoría de la población tendrá más de 60 años.
El proceso de envejecimiento demográfico trae consigo un período o ventana de oportunidad en el que se presentan las condiciones demográficas más favorables para el desarrollo, debido al aumento de la población en edad laboral y a la reducción de la población menor de quince años, al tiempo que la población adulta mayor todavía mantiene un peso relativamente pequeño. Las ventajas que ofrece esta situación serán mayores durante el período 2005-2030, cuando el índice de dependencia total será menor a 60 personas en edades dependientes por cada cien en edad laboral. A partir de la tercera década de este siglo el incremento pronunciado de la población adulta mayor cerrara este período de oportunidad demográfica.
El índice de envejecimiento de la población permite apreciar la relación numérica que hay entre niños y adultos mayores. En 2000 había 20.5 adultos por cada 100 niños; este índice se incrementará paulatinamente en el presente siglo. Se espera que el número de adultos mayores sea igual al de niños alrededor de 2034 y que el índice alcance una razón de 166.5 adultos mayores por cada 100 niños en 2050

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